¿Qué es el Ojo Rojo?

ojo rojo

El ojo rojo es un término que se usa para englobar un conjunto de entidades clínicas caracterizadas por la presencia de hiperemia conjuntival, localizada o difusa.

Corresponde al signo más común y constante de cualquier inflamación ocular: la vasodilatación.

El enrojecimiento está causado por un aumento de cantidad de sangre en las estructuras más superficiales del ojo (conjutniva, esclerótica, córnea, iris y cuerpo ciliar) lo que produce unos vasos sanguíneos hinchados y dilatados.

Los principales síntomas son:

  • PICOR
  • IRRITACIÓN
  • OJO ROJO

Esta inyección vascular puede expresar la hiperemia de vasos conjuntivales, epiesclerales o esclerales.
El ojo rojo se traduce a una patología del segmento ocular anterior es decir, de las estructuras situadas por delante del diafragma iridocristalina.

El enrojecimiento ocular es una de las patologías más frecuentes en la práctica habitual; 1 de cada 3 pacientes que acuden a consulta lo presentan y su causa u origen es muy variada. La identificación de la estructura implicada ayuda al diagnóstico.

El ojo rojo puede estar causado por infecciones, inflamaciones, traumatismos o tumores que afecten a una u otra zona del ojo.

Manifestaciones clinicas:

1. Inyección vascular

Es el signo más frecuente y constante de la inflamación de la superficie ocular. Su manifestación suele darse cómo un enrojecimiento conjuntival producto del engrosamiento de los vasos superficiales del ojo.

• Inyección o hiperemia Conjuntival:

Hiperemia de vasos conjuntivales superficiales, más intensa en el fondo de saco conjuntival (fórnix), disminuyendo conforme nos acercamos al limbo esclerocorneal.
Es la típica de la conjuntivitis y por ello la más frecuente. Al médico desplazar el párpado sobre la conjuntiva bulbar, los vasos serán móviles, con una disposición de anárquica e irregular.
La hiperemia conjuntival indica patología del párpado y/o de la conjuntiva.

• Inyección profunda o ciliar:

Consiste en una Hiperemia de vasos conjuntivales profundos y epiesclerales, que se haces más intensa a nivel del limbo formando cómo especie de un anillo hiperémico periquerático.
El color es marcadamente más violáceo que en la inyección conjuntival superficial, los vasos no son móviles y están centrados en el área perilímbica y con disposición radial en torno a la cornea.
Esta forma se relaciona con una patología ocular más severa , es la lesión típica de las ulceras corneales, esclerítis o epiesclerítis, uveítis y traumatismos importantes.

Esta hiperemia que afecta a vasos perilímbicos del segmento ocular anterior, que afecte a córnea, iris o cuerpo ciliar.

2. Edema

Conjuntival o quemosis: Suele ser transparente, típico de conjuntivitis.
Corneal: Se muestra como un enturbiamiento de la cornea que parece deslustrada, sin reflejo y con disminución de la agudeza visual. El edema corneal es debido a una inflamación activa de la cornea o a un glaucoma severo, siendo ambos casos de manejo pos el especialista.
Palpebral: que se evidencia como una tumefacción difusa indolora, que es signo de afección inflamatoria vecina o de un proceso sistémico ( generalmente renal) o una tumefacción localizada y dolorosa que casi siempre corresponde a un orzuelo.

3. Secreción

Purulenta: cuando la secreción es abundante, de aspecto amarillento-cremoso, suele corresponder a una conjuntivitis bacteriana hiperaguda, producida por Neisseria Gonorrhoeae. Ésta es una Infección ocular poco frecuente pero grave, que puede perforar la cornea si no se trata de manera enérgica y adecuada de forma tópica y por vía general.
Mucopurulenta: Este tipo de secreción es más común, por ser típica de las conjuntivitis bacterianas, es una secreción amarillenta y menos abundante que la gonocócica. Esta secreción suele ocasionar el sellado de los párpados al adherirse a ellos, principalmente por las mañanas.
Cuando se trata de un orzuelo o chalazion la secreción es más circunscrita; no obstante, en ambos casos el tratamiento deberá ser antibiótico.

Acuosa: Este tipo de secreción es generalmente cristalina, fluida, no forma legaña, por lo que no causa que se peguen entre sí los párpados, lo que sí ocasiona es una especie de lagrimeo constante, típico de las conjuntivitis víricas y alérgicas.
Mucosa: Referida por el paciente como “hilos blanquecinos” en el borde palpebral que tampoco pega los párpados. Èsta secreción suele estar en las conjuntivitis alérgicas subagudas o crónicas, o en el ojo seco.

4. Dolor

Generalmente el dolor de origen ocular nunca suele presentarse como un síntoma aislado. Si éste es acompañado de inyección ciliar, edema corneal y disminución de la agudeza visual, incluso con síntomas vegetativos, podría tratarse de un glaucoma agudo o también ulceras corneales.
Es habitual que el dolor como tal no se corresponda con patología ocular, sino con neuralgias, migraña u otros procesos. En ocasiones el paciente refiere una sensación como pinchazos, como un clavo, de 1 o 2 segundos de duración, que corresponde a un subtipo de cefalea sin otra trascendencia clínica. No obstante la molestia más frecuente que se asocia al ojo rojo es la sensación de cuerpo extraño.

5. Agudeza visual:

Como consecuencia de un lagrimeo o secreción excesiva, en diversas ocasiones, el paciente refiere visión borrosa que desaparece cuando se parpadea, siendo ésta característica de las conjuntivitis.
Solo cuando se afecta la cornea por un edema (queratitis o uveítis) se ve reducida la agudeza visual.
Blefaroespasmo, lagrimeo y fotofobia, suelen ser típicos en casi cualquier afección ocular, siendo la ultima especialmente frecuente en infecciones intraoculares y ulceras corneales.

 

Diagnóstico y Tratamiento.

El diagnóstico es netamente clínico, con ayuda del interrogatorio y examen físico se buscará la causa ocasionante del ojo rojo. Identificando las lesiones potencialmente graves que deben ser remitidas al especialista.

En el diagnóstico es importante indagar acerca del inicio, si hubo algún traumatismo previo, el tiempo de evolución o duración del proceso para catalogarlo cómo un cuadro agudo, hiperagudo o crónico, determinar si es unilateral ( en un solo ojo) o bilateral ( en los dos ojos) y de ser así si el comienzo fue simultáneo o diferido. Si existen otros síntomas añadidos a las molestias oculares y si hay o no pérdida de la agudeza visual. La existencia de antecedentes personales o familiares de patologías oculares o patologías sistémicas que puedan influir sobre la salud ocular.

Posteriormente conviene realizar una exploración exhaustiva del globo ocular y sus anexos, desde afuera hacia adentro y corroborar la existencia de síntomas según las estructuras afectadas.
El tratamiento debe ir encaminado a tratar la causa que está ocasionando los síntomas de ojo rojo, sea esta virica, bacteriana, traumática o una afectación sistémica que directa o indirectamente esté causando afección ocular.